La influencia de nuestra visión del ser humano en el incremento de trastornos de ansiedad

Psicología Real

Nuestra forma de entender al ser humano influye en todos los aspectos de nuestra vida, ya que determina la dirección en la que evoluciona nuestra cultural, y esta deriva, explica al aumento de los trastornos de ansiedad.

Tanto en las teorías psicológicas, filosóficas, o científicas, como en nuestra cultura, la política, el arte, e incluso en la educación de los hijos, es muy importante la imagen que se tenga del ser humano, ya que esa visión funciona como una especie de filtro desde el que se entiende la mente humana, se interpretan las emociones, percepciones y comportamientos humanos, e incluso se explican los problemas de comportamiento o los trastornos psicológicos. 

Y lo más importante es que esta visión se extiende social y culturalmente, afectando directamente a nuestra vida cotidiana, ya que moldea la manera en que educamos, cuidamos y nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás.

Incluso tiene que ver con los elevados niveles de ansiedad que experimenta la población.

concepción del ser humano

La concepción más extendida desde finales del siglo XIX es la que considera al ser humano como una especie inherentemente problemática: un ente que, si no se le dirige y se le educa con firmeza, terminará generando resultados negativos. 

Según esta perspectiva, la familia, la cultura o la religión deben ejercer una presión constante para “corregir” o encauzar al individuo, evitando así que se desvíe del camino correcto. 

Esta visión, que durante décadas ha influido en la psicología y en el sistema educativo, postula que, sin un control rígido, el potencial del ser humano se verá eclipsado por sus tendencias más negativas, y por tanto, favorece una educación en la que el niño se tiene que modificar para encajar en el entorno, sacrificando partes de su desarrollo y su ser, bajo la premisa de que es por su bien, ya que, de su desarrollo libre, saldrían cosas negativas o inútiles para la sociedad.

niños presionados por la siciedad

Pero también existe otra concepción alternativa que considera al ser humano como un ser con necesidades de desarrollo intrínsecas y, sobre todo, en potencia.

En esta visión, cada individuo posee la capacidad innata para evolucionar y llegar a ser la mejor versión de sí mismo, siempre y cuando se le permita hacerlo sin presiones constitutivas impuestas desde el exterior. 

Se trata de un modelo basado en la confianza, en la autonomía y en la capacidad de auto descubrimiento, en el que el papel de educadores y de la sociedad es, más que dirigir, facilitar y acompañar el proceso natural de crecimiento. Y en este caso, la educación permite que el niño no tenga que modificarse, ni renunciar a ninguna parte importante de sí mismo para encajar en el entorno, ya que no hay motivo para creer que de ese desarrollo propio saldrá nada negativo.

Criar un niño artista

Esta dicotomía no es sólo una cuestión teórica, sino que tiene un efecto práctico en diversas áreas de nuestra vida y nuestra cultura: 

En la psicología, con la llegada del conductismo, se comenzó a instaurar la concepción del ser humano como una especie a la que hay que dirigir, y en vez de “dejar ser”, hay que “hacer sobre ella” para evitar que se eche a perder.

Sobre estas premisas,  B.F. Skinner en 1948 en su obra Walden Two, propuso  la creación de una sociedad donde los seres humanos se “adiestraran” para convertirlos en elementos útiles para la sociedad. Los individuos serían moldeados desde fuera, sacrificando su autonomía y su libertad personal a cambio de una seguridad y un orden social.

Actualmente, la urgencia de la psicología por encuadrarse dentro de la ciencia, la ha llevado a unirse a la tendencia de la psiquiatría y la medicina de considerar al ser humano como un objeto que necesita ser “arreglado” o “modificado”, en lugar de reconocerlo como un sujeto en constante evolución y con la capacidad de resolver sus propios desafíos.

Aineamiento de las personas por los psicólogos

Esta concepción se ha ido extendiendo por todas las áreas de la vida humana: la educación, la política, el arte…

Como ejemplo, podemos analizar cómo en nuestra sociedad ha calado profundamente este mensaje, que realmente va contra nuestra autonomía: “Cuanto más consigas en la vida, poniendo menos de ti (menos tiempo, esfuerzo, conocimiento, habilidades…) más listo eres, o más valor tienes”

La inmediatez, la rapidez y el desarrollo de aplicaciones y programas que solucionan problemas sin que las personas tengan que experimentar, equivocarse y aprender por sí mismas, también contribuyen a debilitar esa capacidad inherente del ser humano de actuar y resolver sus dificultades de manera autónoma, transformándolo en un ser cada vez más dependiente.

Cada vez somos mas dependientes de la tecnología

Pero este ataque a la autonomía y a la libertad, como la capacidad de elegir responsabilizándose de las consecuencias de la elección, es anterior en el tiempo, y podemos ver cómo se van normalizando y promocionando actitudes de dependencia a través de los medios de comunicación con anuncios que sugieren que “por haber nacido, tienes derecho a fibra de internet, gafas o ropa de marca, la última tecnología…pero sin ninguna obligación o sin que tengas que merecerlo”, o a través de políticas sociales como la “paga vitalicia”. 

En todo esto, podemos reconocer una cultura que, en vez de incentivar la exploración y la búsqueda de soluciones propias, prefiere ofrecer respuestas ya hechas, llegando incluso a prometer, como algo bueno, un futuro sin necesidad de esfuerzo personal. 

Tales planteamientos refuerzan la idea de que el ser humano no debe “hacer” por sí mismo, sino esperar que el entorno le provea soluciones, despojándose de la experiencia esencial del desafío, la superación y el aprendizaje activo. 

Lo mismo podemos ver en las últimas políticas globales como la Agenda 2030, donde este mensaje contra la autonomía queda totalmente explícito en el lema: “no tendrás nada y serás feliz”

En una sociedad totalmente enfocada a la productividad y la producción de bienes de consumo, como diferencia este otro artículo sobre ansiedad y estrés, es bastante obvio, que vas a tener que seguir trabajando y produciendo, así que lo que significa esta frase, es que tú no trabajarás para ti mismo y para ganarte tu propia supervivencia, sino que pasarás a formar parte de un gran engranaje social, como una pieza más de una maquinaria inmensa (tal como quiso denunciar Charles Chaplin en “Tiempos modernos” en 1936), pero tú no tendrás nada propio, y dependerás de poderes externos (globales) que te abastecerán de lo que ellos consideren que necesitas. Así que estamos ante una nueva reformulación del comunismo, pero disfrazada de ecologismo, y de “bien del planeta”. Ante una despersonalización institucionalizada.

Ansiedades modernas

La cuestión es esta: 

¿Qué pasaría si resulta que los seres humanos encajamos más en la segunda concepción, y somos una especie diseñada para desarrollar sus capacidades y su personalidad de forma paralela a su desarrollo cerebral, con el fin último de ponerlas al servicio de una subsistencia autónoma, y obtener así una autoestima positiva, y una plenitud existencial? 

En ese caso ¿Qué efecto tendrían este tipo de mensajes?

 “No hace falta que hagas nada, otros lo harán por ti” 

“Ponte a depender del exterior para vivir más tranquilo”

Es fácil ver que este tipo de mensajes irían en contra de las necesidades de desarrollo inherentes al ser humano para vivir de forma autónoma y plena, e irían despojándole de su libertad y de su autoestima. Y eso le generaría mucha ansiedad. 

Quizá eso explicaría que la verdadera pandemia de nuestros tiempos sean los trastornos de ansiedad.

Los que tenemos hijos, podemos observar cómo estos mensajes, ya va llegando a nuestros pequeños a través de la literatura infantil. 

Me explico: Las narraciones tradicionales, como las de los hermanos Grimm, ofrecían historias con mensajes implícitos, donde el niño debía extraer, a su propio ritmo y según su nivel de desarrollo, las lecciones y valores que en ellas se escondían. 

¿Qué le ofrecían estos cuentos?

La posibilidad de usar sus capacidades para extraer la información que pudieran en cada momento de su vida, de poder relacionarla con su experiencia, e ir haciendo descubrimientos por sí mismos.

Hoy, sin embargo, encontramos cuentos en los que el autor explica de manera explícita cómo debe ser el niño, qué valores debe incorporar y cómo debe actuar. De este modo, se priva al pequeño de la tarea fundamental de interpretar y aprender por sí mismo, de igual forma que se priva al niño de usar su imaginación al ofrecerle juguetes excesivamente detallados o al sustituir el juego libre por videojuegos y dispositivos electrónicos.

Los videojuegos contra el juego al aire libre

Desde una visión humanista y realista del ser humano, la evolución de la psicología y de la educación pasa necesariamente por recuperar el valor de la libertad individual y el reconocimiento de la capacidad innata del ser humano para crecer a partir de sus propias experiencias. 

La filosofía, con su inagotable cuestionamiento sobre la naturaleza del “yo” y la existencia, es indispensable para volver a humanizar las prácticas psicológicas y educativas, alejándonos de una concepción mecanicista y reduccionista.

En definitiva, la forma en que concebimos al ser humano determina si lo veremos como un ente que necesita ser moldeado y dirigido, o como un ser capaz de desplegar su potencial a través del aprendizaje y la experiencia personal. 

Es imperativo recuperar el equilibrio: dejar ser para poder crecer, y acompañar sin imponer. Sólo así podremos aspirar a una educación y a una práctica psicológica que valore y potencie la autonomía, la creatividad y la capacidad innata de cada individuo para construir su propio camino.

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